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COLUMNA / CUADERNOS DE VIAJE
La lluvia cae de soslayo mientras el rugido del papagayo cojo anuncia la salida de mi vuelo, destino Scavolini. Esta región de la Italia Suburbial situada, naturalmente, entre Lambrusco di Fraggolino y Aceite de Módena, limita al Norte con Bud Spencer, y al Sur con una piedra grande.
Aterrizo cómodamente en la pista 3 del aeropuerto, no sin antes haber saltado en paracaídas dejando a mi espalda el avión en plena explosión. Sea como sea, algo me dice que encender el móvil en pleno aterrizaje no fue la mejor idea.
Nada más llegar al centro, en la zona más al este de la ciudad, el perfume de Scavolini hace brotar en mi memoria recuerdos de un viejo amor. Te extraño, Rodolfo. Como el Barça al Ronaldinho del 2004. Como la derecha catalanista a Josep Piqué. Aún recuerdo aquellos paseos románticos en San Bernardo por las calles recién revestidas, con sus carteles de “¡No pasar!”, o “¡Peligro!, recién asfaltado”, y cómo al omitirlos los carabinieris nos gritaban: “Ma chè cosa fae, gilipollino?!”. ¡Ahh! ¿Y qué me dices de cuando inmovilizábamos sádicamente a los ancianos y los lanzábamos al enladrillado? Y cómo profiriendo los alaridos propios de un animalillo que lucha por su supervivencia, mientras se hundían indefensos con la mano derecha en alto, decían, como Terminator: "Figlio di putanaaa!".
Por la noche ceno en Putxinelis, aquel restaurante que vio nacer nuestro amor, a la luz de un Gintonic. Y como una tonta, sonrío al recordar cuando ejerciste de caballero protestando al servicio, con la voz en alto y la navaja en la mano: “¡Nos han tomado el pelo, este agua no sabe a nada!”. Qué bello, ¡¿verdazz?! Todavía tengo grabada en mi retina la imagen de tu fisonomía masculina succionando firmemente la cabeza de aquel bogavante, y cómo los sesos del animal se derramaban de forma lujuriosa por la comisura de tus labios, hasta manchar el plato. El de la mesa de al lado, lógicamente.
Luego en el hotel, me pusiste mirando a Montecarlo y me contaste chistes truños como el de “Miss Tetas”. ¿Quién me iba a decir que paseando por la Strata dil Pomodoro Pocho ibas a perder la vida, desnucado, cuando quise desembozarte una sonrisa con el viejo truco de la piel de plátano? “¡Cabronaaa!”, gritaste. Pero ya era demasiado tarde. Incluso para la policía...
Sea como sea, mañana ya estaré volando, lejos, muy lejos de aquí, Rodolfo. Viajando a cualquier otro lugar, con una bolsa de basura llena de billetes pequeños, no consecutivos y sin marcar, y la Reflex de algún turista primarrón que fotografió, en gran angular y home-cinema, el romántico amanecer de la Piazza de Scavolini, en el que me acordé de ti, y de tu madre.
Rita Mascarpone 3.0 es Licenciada en Pre-tecnología II por la Universidad de Mozambique, Comarruga, y marca registrada de "elpitdepollastre.blogspot.com" y Adidas con el símbolo viejo.
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