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30 de octubre de 2007/
Redacción Whisky /

 

 


COLUMNA / MEMORIAS DE UN HOMBRE MALO

  Sobre qué hacer cuando te falla el Dolby
en el Festival de Cannes

Ernest Valmoral

Esto es algo que tienes que saber, de ello depende tu vida. Bueno, tu vida como director de cine. Si no lo eres, deja de leer. No estoy estrujándome los sesos para que me lea un pagano.

Muy bien. ¿Ya estamos todos? ¿Nos hemos quedado sólo los futuros Godard del mundo? ¡Eh, tú, próximo Michael Bay! ¡Deja de leer, sucia rata de cloaca asquerosa y maloliente! Eso, huye, nenaza…

En primer lugar, apuntar que Claudia Schiffer sigue estando tan buena como cuando empezó a desfilar. Y ya entrando en materia, el Festival de Cannes será tu cumbre como artista: es crucial que tu película se vea y se oiga a la perfección. Un error daría al traste con toda tu carrera. Ponte en situación: eres un director novel en alza, un diamante en bruto, una perla desconocida para el gran público y la crítica, con una obra maestra bajo el brazo. Esa película es el hijo nonato que aún no has tenido (y que muy probablemente no deseas, porque los niños son un estorbo para el arte), por tanto, has de mimarla como tal. Resulta que un distribuidor avispado ha dado contigo y ha colado tu obra en la Quincena de Realizadores. Un regalo del cielo. A partir de aquí, tu vida depende de que todo vaya sobre ruedas en el estreno.

Pero algo falla: el Dolby se escucha de pena. Ahora estás siendo juzgado (porque tú formas parte de tu película: vais en pack) teniendo en cuenta un hecho ajeno a tu indudable talento, y no es justo. Por tanto, lo más lógico es iniciar una sangrienta matanza con la UCI que debidamente has traído contigo, escondida en tu maleta. Para que eso pueda suceder, aquí van unos cuantos consejos prácticos:

En primer lugar, acude al festival en tu propio coche: te resultará imposible meter una metralleta en un avión, por no sé qué malditas reglas de protección ciudadana que se han inventado.

Segundo: provéete de munición abundante, pues sería una pena apuntar con una UCI a una muchedumbre asustada y que al apretar el gatillo, no se escuchara más que un paupérrimo “clic, clic, clic”. Además, las balas no son excesivamente caras.

Tercero: deja la moral en casa. Enciérrala bien calladita en ese cajón con llave que nunca sabías por qué estaba en tu hogar y que siempre pensaste que nunca llegarías a utilizar. De hecho, probablemente no recuerdes dónde está la llave; en ese caso, mata a navajazos a tu vecino: no encontrarás la llave, pero descargarás tu ira sobre alguien, y eso siempre va bien antes de un estreno.

Cuarto: no te duches con tu UCI, puede que no funcione después. El agua no es buena para las armas de fuego. No te creas todo lo que ves en el cine.

Y quinto: intenta no hablar de tus intenciones con nadie, quizás alguien piense erróneamente en detenerte y sería contraproducente para nuestros (quiero decir, tus) objetivos.

Si todo esto no te convence, siempre puedes asegurarte antes de la proyección de que todo está en orden, pero le quita diversión a la jornada y desaprovecharías una ocasión excelente para salir en la primera página de todos los diarios de aquí a Hollywood, que es, nunca lo olvides, tu objetivo final: hacer cine en Europa sólo es para fracasados.

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