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11 de noviembre de 2007/
Redacción Whisky /

 

 


COLUMNA / FIRMA INVITADA

  Cuando las palabras pierden significado
Alicia Barreto Jaime

¿Por qué será que cuando alguien te dice que te va a llamar no lo hace? ¿Por qué un “sí” es un “no” medio sutil? Ciertamente, la cultura mexicana tiene un estilo muy peculiar para expresarse… ¿y para salirse por la tangente? La doble moral se ha hecho parte de la esencia del vocabulario cotidiano; se ha vuelto la sombra del contexto de cualquier conversación espontánea o no tan espontánea.

Para ilustrar la situación de una manera más real, me daré a la tarea de compartir una experiencia que tuve en mi cuarto semestre de Preparatoria. Todo se remonta a aquellos días en los que la Geometría era mi peor pesadilla; como ya se acercaba la fecha del examen final, le pedí de favor a un compañero, quien entendía todos los temas, que me ayudara a repasar para ir bien preparada. Una vez que ya tenía en mi poder su número telefónico para localizarlo y quedar de acuerdo a qué hora nos veríamos y en dónde, me sentí mucho más tranquila. Al día siguiente, lo llamé y me dijo muy amablemente “te hablo en unos cinco minutos para fijar bien la hora, okay?”. Pasaron cinco minutos…y diez…y veinte…y la llamada nunca entró. No recuerdo haber estado tan molesta como en esa ocasión, así que lo que hice fue estudiar por mi propia cuenta y entender los temas por mis propios métodos.

¿No hubiera sido más fácil decir “lo siento, pero no puedo ayudarte”? Dejar a una persona esperando tanto tiempo no es nada agradable. Es de mal gusto, de mala educación…una de las peores faltas de educación. Me pregunto constantemente cuál fue la razón por la que decidió no llamar. ¿Habrá sido porque en realidad no podía ir o ya tenía otros planes? De ser así, lo pudo haber dicho directamente… ¿o es que no quería “lastimarme”? Me causa bastante gracia llegar a esta ridícula conclusión.

Este tipo de casos se dan todos los días bajo diferentes situaciones; en unas, quizá no tiene tanta importancia por tratarse de una situación más “informal”; como por ejemplo, una invitación para ir a una fiesta, para quedarse de ver en la plaza y muchos otros lugares. Sin embargo, en una situación de carácter más “formal”, como una junta de negocios o un evento de gran magnitud, la “doble moral” no puede ser tolerada…ni siquiera debería serlo cuando se desarrolle en la cotidianeidad.

La duda queda sembrada en mi mente. Es de esas preguntas que parecen no tener respuesta…o al menos, una inmediata y lógica. Por más que pienso y pienso, no llego a ninguna conclusión que me haga entender por qué la cultura mexicana tiene este extraño comportamiento. ¿Qué no es más sencillo decir “no, no voy a ir a tu fiesta” en lugar de “sí, ahí te veo.”? ¿Será que al mexicano le da miedo decir las cosas de frente y sin temor?

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