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REPORTATGE
mNACTEC
El Museu Nacional de la
Ciència i la Tècnica de Catalunya, afincado dentro de
una antigua fábrica téxtil, tiene de media dos visitantes
al día, y el resto lo forman las visitas escolares, que son las
que han subido las estadísticas hasta los dos millones de visitas
anuales. A este reportero de EMW le sorprendió ver la exposición
FOTCIENCIA, consistente en cuatro murales mal puestos con una foto en
cada uno y una explicación de tres líneas, algunas en
francés y otras en chino mandarín.
Nos recibió el director del museo, el señor Casanelles:
“El patrimonio industrial en Catalunya es muy importante. ¿Es
que no lo ven? Todo lo que les rodea es importantísimo. Pero
vean, vean estas fotos. Y estos experimentos de aquí al lado.
Prueben a apretar el botón de este mural para ver la animación
que les explicará cómo funciona la energía solar”.
Pero la televisión estaba apagada. En la de al lado había
una pantalla azul de error de Windows. Menos mal que pudimos aprender
algo gracias a los textos que acompañaban las exposiciones, de
seis líneas como mucho.
“El pasado industrial es importantísimo”, declaró
Casanelles. “Es más, creo que ningun ciudadano dormiría
tranquilo si no entrara jamás aquí”.
Vimos también una exposición itinerante sobre el patrimonio
industrial en las costas. Los textos eran Times New Roman tamaño
0,002 y casi todo escrito en francés, inglés, italiano,
y véte a saber tú qué más. En catalán
había un texto del propio director.
“¿Quieren una copita de cava catalán?”, nos
ofreció.
Mi ayudante escribano (otros lo llaman negro) y yo huímos por
la puerta de entrada. Ahí contemplamos un sello de proporciones
bíblicas.
“Ah”, dijo Casanelles, persiguiéndonos, “es
una exposición nueva sobre un sello que se editó con la
imagen del museo”.
“¿Hacen un sello y ustedes le dedican una exposición?”,
pregunté, pero no me escuchó porque estaba contemplándose
el ombligo y jugueteando con él. Le pregunté si le había
puesto nombre a su ombligo. “Sí”, contestó,
“se llama Patrimoni. ¡Cuchi cuchi, Patrimoni, qué
bonito eres!”.
Volvimos a huir. Ahí no había un alma. Ya en la calle,
una gigantesca placa fotovoltaica amenazó con caersenos encima.
Supongo que huelga decir a estas alturas que aquél día
llovió. (Más...)

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