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30 de noviembre de 2006 /
Redacción Whisky /

 

 


REPORTATGE
MEPICA
El Museu Nacional de Mica en Mica s’omple la Pica (MEPICA) no era muy distinto. La Generalitat de Catalunya había derrumbado unos cuantos pisos para pagar 10.000 millones de euros (según las estadísticas) para pagar al arquitecto catalán Bufa de l’Ampolla el diseño futurístico del edificio.

El MEPICA tiene forma de botella de cava catalán. Se entra por el cuello de la botella, y si llegas hasta el fondo es que ya estás más borracho que una cuba.
El director del MEPICA también nos recibió. Nos explicó un poco la temática de este museo sin par, y también sin ton ni son:
“El MEPICA está destinado a acercar el mundo de la ciencia a los ciudadanos. Hacemos honor a nuestro nombre, De mica en mica s’omple la pica, porque nuestras exposiciones tratan sobre eso”.
“No le entiendo, verá usted”, contesté.
Él me hizo un gesto para que le acompañase. Vimos una primera exposición sobre el agua. En la primera sala había una jarra vacía de cristal. En la segunda, la misma jarra, pero con un poco de agua. En la tercera sala, había una jarra más, pero un poco más llena de agua. Y así progresivamente. Efectivamente, al cabo de cuarenta salas más, la última jarra ya estaba llena a rebosar.
“Beba un poco de agua si quiere”, nos ofreció el director. “Como ve, es obvio, de mica en mica s’omple la pica. El visitante aprende esta importante norma física, y además se toma un refresco gratis”.
“¿Refresco?”
“Sí, claro, el agua de la jarra que está usted bebiéndose a morro. Si se la acaba entera, entonces le explicamos, con otra exposición distinta, qué sucede si, de mica en mica, buides la pica. Seria el procedimiento contrario. Aquí en el museo tenemos muchas exposiciones. Está por ejemplo la de los ladrillos. Empieza con un muro de seiscientos ladrillos, y a medida que avanza por las salas, se van extrayendo los ladrillos, hasta que sólo queda uno, que es la metáfora de la expresión de mica en mica s’omple (o es buida) la pica. Luego tenemos la de los palillos chinos. Empezamos con un plato de arroz y veinte palillos. Cuando llegas al final, descubres que es imposible comerte el arroz sin palillos”.
“Pues te los comes con las manos”, sugerí.
“Pues también tenemos una exposición sobre manos humanas. Empiezas con una y terminas con cuarenta y cuatro coma tres periódico”.
Huí de allí. Uno es periodista por vocación hasta cierto límite. (Más...)



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