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REPORTATGE
MEPICA
El Museu Nacional de Mica
en Mica s’omple la Pica (MEPICA) no era muy distinto. La Generalitat
de Catalunya había derrumbado unos cuantos pisos para pagar 10.000
millones de euros (según las estadísticas) para pagar
al arquitecto catalán Bufa de l’Ampolla el diseño
futurístico del edificio.
El MEPICA tiene forma de botella de cava catalán. Se entra por
el cuello de la botella, y si llegas hasta el fondo es que ya estás
más borracho que una cuba.
El director del MEPICA también nos recibió. Nos explicó
un poco la temática de este museo sin par, y también sin
ton ni son:
“El MEPICA está destinado a acercar el mundo de la ciencia
a los ciudadanos. Hacemos honor a nuestro nombre, De mica en mica s’omple
la pica, porque nuestras exposiciones tratan sobre eso”.
“No le entiendo, verá usted”, contesté.
Él me hizo un gesto para que le acompañase. Vimos una
primera exposición sobre el agua. En la primera sala había
una jarra vacía de cristal. En la segunda, la misma jarra, pero
con un poco de agua. En la tercera sala, había una jarra más,
pero un poco más llena de agua. Y así progresivamente.
Efectivamente, al cabo de cuarenta salas más, la última
jarra ya estaba llena a rebosar.
“Beba un poco de agua si quiere”, nos ofreció el
director. “Como ve, es obvio, de mica en mica s’omple la
pica. El visitante aprende esta importante norma física, y además
se toma un refresco gratis”.
“¿Refresco?”
“Sí, claro, el agua de la jarra que está usted bebiéndose
a morro. Si se la acaba entera, entonces le explicamos, con otra exposición
distinta, qué sucede si, de mica en mica, buides la pica. Seria
el procedimiento contrario. Aquí en el museo tenemos muchas exposiciones.
Está por ejemplo la de los ladrillos. Empieza con un muro de
seiscientos ladrillos, y a medida que avanza por las salas, se van extrayendo
los ladrillos, hasta que sólo queda uno, que es la metáfora
de la expresión de mica en mica s’omple (o es buida) la
pica. Luego tenemos la de los palillos chinos. Empezamos con un plato
de arroz y veinte palillos. Cuando llegas al final, descubres que es
imposible comerte el arroz sin palillos”.
“Pues te los comes con las manos”, sugerí.
“Pues también tenemos una exposición sobre manos
humanas. Empiezas con una y terminas con cuarenta y cuatro coma tres
periódico”.
Huí de allí. Uno es periodista por vocación hasta
cierto límite. (Más...)

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