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ENTREVISTA
Cinéfilos
locos
Un anciano de Illinois afirma que puede ver por separado los
fotogramas de las películas
Mario Luna,
Illinois (Qué remedio) - Inesperadas declaraciones las de Andrew
Sullivan McEnroe, un vejete de 89 años de Illinois que sólo
bebe por las mañanas. Asegura el hombre, desde la mecedora que
le prestan sus hijos para que se pase la tarde allí y no moleste,
en el tranquilo jardín de su casa, que cuando se sienta ante
una pantalla de cine y ve una película, sea la que sea, él
no ve la historia en continuidad sino que percibe los fotogramas por
separado, con un pequeño espacio en negro entre ellos.
“Me empezó a pasar hace relativamente
poco, mientras veía una película rusa, aunque todavía
no sé si eso influye. De repente, las imágenes empezaron
a ralentizarse ante mis ojos, y poco a poco la proyección se
convirtió para mí en una especie de pase de diapositivas...
(Dios, me voy a dormir con esta charla).
… Yo pensaba que me estaba dando un
ataque al corazón, pero no, me encontraba perfectamente bien.
Miraba a la gente y el cine, y todo lo veía normal, pero si miraba
la pantalla, la película se proyectaba ante mis ojos a la velocidad
que yo deseara. Fue increíble.”
(Más increíble es que siga vivo, y aquí está,
frente a mí, en el jardín de su puta casa en Illinois
-que no hace frío, ¿sabes?-, diciéndome esto).
“Ahora puedo ver todas las películas
a la velocidad que yo desee. En el cine, en la tele, en el ordenador
de mi nieta. También puedo verlas más deprisa, pero mi
amigo Teddy el farmacéutico me ha recomendado que no lo haga,
por mi corazón”.
(Necesito un canuto, por favor. A ver, recopilemos. Estoy en Illinois,
¡entrevistando a un yayo! Debe haber muchas cosas peores que esto.
El periodismo me guarda momentos mucho más brillantes, seguro.
Andy, ¡llévame al estrellato de una vez ya! Vuelvo: Illinois,
entrevista, vejete.)
“Teddy es un amigo de verdad, de los
que hay pocos...”
- Ejem, disculpe señor Andrew, ¿podemos detener la entrevista
un segundo? Necesito ir al baño, lo siento. Gracias.
( Bien, de cuanto tiempo dispongo? Hasta diez minutos es un tiempo perfectamente
excusable, ¿no? Sí. Bueno, me lío un canuto y salgo.
Oh, la nieta del señor Andrew lleva un tanga rojo tremendo, ¿qué
debe tener, dieciséis? No, Mario, ni se te ocurra pensar en eso...
Liar el porro: tiempo estimado, un minuto. Primer calo... bien profundo...
marihuana en cogollos cayendo sin parar sobre una mujer desnuda... Ok,
es buena marihuana, voy a pillar un ciego de campeonato, yo pensaba
que no me iba a subir tanto, ¡joder!
Siempre hago lo mismo, ¡soy un imbécil!
Segundo calo... Soy un imbécil...
Tercer calo...
...
... el tanga de la nieta...
...
... Una puerta se abre, un hombre me habla, estoy acostado, no, estoy
sentado, sí.
¿Qué hago sentado?...
Oh, creo que me he quedado dormido en la taza del water, sí.
Y me he fumado tres canutos, sí.
Y he tirado mucha ceniza.
Y el viejo me habla.
¿El viejo? Joder, joder, joder).
- Lo siento señor Andrew, me he quedado dormido!
- ¿He
estado casi dos horas? Vaya, tenía sueño, sí.
- ¿Eh? ¿Esto? Ehh, pues... Sí, creo que me he masturbado.
FUNDIDO.
- Señor Andrew, no se enfade, por favor. ¿Le
gusta la marihuana? Venga, fume usted conmigo.
- Venga, fume usted y hábleme de sus cosas.
- Señor Andrew... fume usted.
- Sí, me visto, no se preocupe. Y limpio esto, sí. Acomódese
usted como pueda en el bidé, yo le haré la entrevista
desde la taza. Y fume, fume, no se prive.
(Largo silencio, mientras recojo mi esperma del suelo).
“Ya sé que no me creen. No pasa
nada. No es el primero ni el último que viene a entrevistarme
y no cree que pueda ver así las películas. Tranquilo,
no me molesto. Lo que ustedes no saben es que desde hace ya varios meses
nos juntamos en mi casa Teddy, el farmacéutico, Louis, el maestro,
y Orson, el tejón del maestro, y trabajamos para unir nuestras
fuerzas y sacar partido de mi poder”.
- Eso, sí, cuénteme señor Andrew, cuénteme.
Y fume. Y aparte sus piernas para que pueda sentarme en la taza, gracias.
“Teddy es un hombre muy metódico,
¿sabe? Siempre se afeita a las 7 y 20 de la mañana, porque
se pone el reloj a las siete y cuarto. Y la farmacia está abierta
a las ocho en punto, cada día. ¡Je!, menudo es Teddy. Y
Louis ni le cuento...”
(Oh no, me lo cuenta... ya lo odio otra vez).
“Louis jamás duerme por la noche,
¿sabe? Yo le digo que es un ave nocturna y nos reímos
mucho. Nunca duerme por la noche... ¡qué tío! Y
es maestro, que eso es lo mejor. Pero hace mucho que no va a dar clase.
Él dice que a veces va y le da clase a los chicos, pero yo no
sé si creérmelo. A veces lo veo triste, como ido, me preocupa
un poco la verdad. Suerte que tiene a Orson, le da mucha vida. Bueno,
nos la da a todos”.
- Déme, que fumaré yo también.
“Y estamos haciendo muchas cosas, ¿sabe?
En la última reunión Teddy llegó cinco minutos
tarde y nos pidió disculpas tanto a Louis como a mí más
de tres veces, y beso a Orson por primera vez”.
- Bien, señor Andrew, ha sido muy interesante charlar con usted.
“Y Louis dijo una palabra mágica,
que nos iluminó a todos. Fue un momento sublime. Tiene tanta
sabiduría. Dijo: “Internet” Y lo entedimos de inmediato.
Internet”.
- Un gusto señor Andrew, y disculpe. No hace falta que me acompañe,
gracias, quédese ahí en el bidé.
“Lárgate
capullo... pero que sepas que mañana me visita Lars Von Trier
porque ya he acertado el enigma de su nueva película. Creo que
no quiere que lo haga público, y está dispuesto a pagar
una pasta... ¡Jajaja!”.
(A
palabras necias, oídos sordos.)

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