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9 de diciembre de 2006 /
Redacción Whisky /

 

 


ENTREVISTA
Cinéfilos locos
Un anciano de Illinois afirma que puede ver por separado los fotogramas de las películas

Mario Luna, Illinois (Qué remedio) - Inesperadas declaraciones las de Andrew Sullivan McEnroe, un vejete de 89 años de Illinois que sólo bebe por las mañanas. Asegura el hombre, desde la mecedora que le prestan sus hijos para que se pase la tarde allí y no moleste, en el tranquilo jardín de su casa, que cuando se sienta ante una pantalla de cine y ve una película, sea la que sea, él no ve la historia en continuidad sino que percibe los fotogramas por separado, con un pequeño espacio en negro entre ellos.

“Me empezó a pasar hace relativamente poco, mientras veía una película rusa, aunque todavía no sé si eso influye. De repente, las imágenes empezaron a ralentizarse ante mis ojos, y poco a poco la proyección se convirtió para mí en una especie de pase de diapositivas...

(Dios, me voy a dormir con esta charla).

… Yo pensaba que me estaba dando un ataque al corazón, pero no, me encontraba perfectamente bien. Miraba a la gente y el cine, y todo lo veía normal, pero si miraba la pantalla, la película se proyectaba ante mis ojos a la velocidad que yo deseara. Fue increíble.”

(Más increíble es que siga vivo, y aquí está, frente a mí, en el jardín de su puta casa en Illinois -que no hace frío, ¿sabes?-, diciéndome esto).

“Ahora puedo ver todas las películas a la velocidad que yo desee. En el cine, en la tele, en el ordenador de mi nieta. También puedo verlas más deprisa, pero mi amigo Teddy el farmacéutico me ha recomendado que no lo haga, por mi corazón”.

(Necesito un canuto, por favor. A ver, recopilemos. Estoy en Illinois, ¡entrevistando a un yayo! Debe haber muchas cosas peores que esto. El periodismo me guarda momentos mucho más brillantes, seguro. Andy, ¡llévame al estrellato de una vez ya! Vuelvo: Illinois, entrevista, vejete.)

“Teddy es un amigo de verdad, de los que hay pocos...”

- Ejem, disculpe señor Andrew, ¿podemos detener la entrevista un segundo? Necesito ir al baño, lo siento. Gracias.

( Bien, de cuanto tiempo dispongo? Hasta diez minutos es un tiempo perfectamente excusable, ¿no? Sí. Bueno, me lío un canuto y salgo. Oh, la nieta del señor Andrew lleva un tanga rojo tremendo, ¿qué debe tener, dieciséis? No, Mario, ni se te ocurra pensar en eso...

Liar el porro: tiempo estimado, un minuto. Primer calo... bien profundo... marihuana en cogollos cayendo sin parar sobre una mujer desnuda... Ok, es buena marihuana, voy a pillar un ciego de campeonato, yo pensaba que no me iba a subir tanto, ¡joder!

Siempre hago lo mismo, ¡soy un imbécil!

Segundo calo... Soy un imbécil...

Tercer calo...

...

... el tanga de la nieta...

...

... Una puerta se abre, un hombre me habla, estoy acostado, no, estoy sentado, sí.

¿Qué hago sentado?...

Oh, creo que me he quedado dormido en la taza del water, sí.
Y me he fumado tres canutos, sí.
Y he tirado mucha ceniza.
Y el viejo me habla.
¿El viejo? Joder, joder, joder).

- Lo siento señor Andrew, me he quedado dormido!

- ¿He estado casi dos horas? Vaya, tenía sueño, sí.

- ¿Eh? ¿Esto? Ehh, pues... Sí, creo que me he masturbado.

FUNDIDO.

- Señor Andrew, no se enfade, por favor. ¿Le gusta la marihuana? Venga, fume usted conmigo.

- Venga, fume usted y hábleme de sus cosas.

- Señor Andrew... fume usted.

- Sí, me visto, no se preocupe. Y limpio esto, sí. Acomódese usted como pueda en el bidé, yo le haré la entrevista desde la taza. Y fume, fume, no se prive.

(Largo silencio, mientras recojo mi esperma del suelo).

“Ya sé que no me creen. No pasa nada. No es el primero ni el último que viene a entrevistarme y no cree que pueda ver así las películas. Tranquilo, no me molesto. Lo que ustedes no saben es que desde hace ya varios meses nos juntamos en mi casa Teddy, el farmacéutico, Louis, el maestro, y Orson, el tejón del maestro, y trabajamos para unir nuestras fuerzas y sacar partido de mi poder”.

- Eso, sí, cuénteme señor Andrew, cuénteme. Y fume. Y aparte sus piernas para que pueda sentarme en la taza, gracias.

“Teddy es un hombre muy metódico, ¿sabe? Siempre se afeita a las 7 y 20 de la mañana, porque se pone el reloj a las siete y cuarto. Y la farmacia está abierta a las ocho en punto, cada día. ¡Je!, menudo es Teddy. Y Louis ni le cuento...”

(Oh no, me lo cuenta... ya lo odio otra vez).

“Louis jamás duerme por la noche, ¿sabe? Yo le digo que es un ave nocturna y nos reímos mucho. Nunca duerme por la noche... ¡qué tío! Y es maestro, que eso es lo mejor. Pero hace mucho que no va a dar clase. Él dice que a veces va y le da clase a los chicos, pero yo no sé si creérmelo. A veces lo veo triste, como ido, me preocupa un poco la verdad. Suerte que tiene a Orson, le da mucha vida. Bueno, nos la da a todos”.

- Déme, que fumaré yo también.

“Y estamos haciendo muchas cosas, ¿sabe? En la última reunión Teddy llegó cinco minutos tarde y nos pidió disculpas tanto a Louis como a mí más de tres veces, y beso a Orson por primera vez”.

- Bien, señor Andrew, ha sido muy interesante charlar con usted.

“Y Louis dijo una palabra mágica, que nos iluminó a todos. Fue un momento sublime. Tiene tanta sabiduría. Dijo: “Internet” Y lo entedimos de inmediato. Internet”.

- Un gusto señor Andrew, y disculpe. No hace falta que me acompañe, gracias, quédese ahí en el bidé.

“Lárgate capullo... pero que sepas que mañana me visita Lars Von Trier porque ya he acertado el enigma de su nueva película. Creo que no quiere que lo haga público, y está dispuesto a pagar una pasta... ¡Jajaja!”.

(A palabras necias, oídos sordos.)



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