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WHISKY-REPORTAJE
Visionando
el horror
Por ARÍSTIDES CROWE, periodista y JONATHAN
LEICHT-ROBINSON, periodista, investigador y documentalista
/ Traducción: ERNESTO URRIETA
Redacción
del Star-Ledger de Newark, 7 de mayo de 2004. 10:27 AM. Hank
nos sirve un rijoso café que bebemos con desgana: estamos pálidos
y hambrientos, asustados y temerosos de cualquier sonido o cosa que
se presente. Estamos a punto de visionar la cinta del viejo Carl. “¿Estáis
seguros de que queréis ver esto?”, nos pregunta Hank,
a lo que respondemos con un sí de cabeza, aunque yo aún
no sé seguro si realmente lo quería.
Hank
introduce la cinta en el aparato... Silencio... En la calle, un coche
derrapa estrepitosamente... No pasa nada... Un bebé llora en
la esquina de Frontage Road... A lo lejos suena una versión hip-hop
de My Way...
Hank
por fin pulsa el “play”... Primero nada... Luego niebla...
Ahora, una imagen
borrosa... Aparece una mano... Un bisturí se acerca decidido
a un cuero cabelludo... ¿Es Ben Affleck?... No hay seguridad...
Y de pronto...
Jonathan
y yo salimos de la habitación en busca de un lavabo. Ha sido
horrible, lo más espantoso que hemos visto nunca. Sin embargo,
el cuero cabelludo, sin lugar a dudas, no pertenecía a Ben Affleck.
Carl nos engañó y Hank está furioso: “¡He
tenido que ver dos horas de cine gore para nada! ¡Fuera! ¡Fuera
de aquí he dicho!”.
Ahora,
una cosa está clara: si queremos saber la verdad, hemos de acudir
directamente a la fuente implicada.

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