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WHISKY-REPORTAJE
Si algo pasa, Ben lo sabe

Por ARÍSTIDES CROWE, periodista y JONATHAN LEICHT-ROBINSON, periodista, investigador y documentalista / Traducción: ERNESTO URRIETA

Despierto en el Hospital Newark Beth Israel, en el 201 de Lyons Avenue, en donde una enfermera de manos grandes me ofrece otra pastilla para que pase el dolor. “¿Y un poco de morfina?”, pregunto, pero parece ser que hoy no va a ser posible. Abandona la habitación y giro la cabeza: a mi izquierda, gimiendo como un viejo sillón destartalado, está Jonathan. “Chico, nos han zurrado bien, ¿verdad?”. No respondo, es evidente que sí; Jonathan a veces dice unas chorradas...

6 de junio de 2004. Vuelvo a Barcelona, a mi refugio lejos de la futura hecatombre que se cierne sobre Estados Unidos. Ben Affleck no ha puesto remedio a su problema con las interferencias y, al parecer, no se lo pondrá en mucho tiempo. El otro día me dijeron que paralizó todo el sistema viario, semáforos y demás, de Newark; resultado: 500 accidentes, 45 víctimas mortales y un perro que aún busca a su dueño. El chip de Ben aumenta su poder por momentos, haciéndole aceptar papeles cada vez más estrambóticos: el próximo, un abogado ciego que por la noche defiende la ciudad de los criminales enfundado en unas mallas rojas.

Por la ventanilla del avión veo hacerse pequeña la ciudad de Newark, hacia el sur está Nueva York, y más allá el Océano Atlántico que se extiende como un virus hasta mi ansiada Europa. La azafata anuncia que durante las tres siguientes horas disfrutaremos de una maravillosa película que nos deleitará con gozo y algarabía: se trata de “Pearl Harbor” y, justo en ese momento, creo oír una carcajada metálica procedente de la cabina del piloto...

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