| 
SOY LO PEOR
Cuestiones
telefónicas, etc.
David Bombai

Hola,
¿estás sola?
David Bombai es una
de esas personas que se obsesionan con las cosas. Se obsesiona con las
relaciones, y con el trabajo, con sus amigos, y con la televisión.
Es una de esas personas desquiciadas capaces de creer que un mensaje
de móvil no ha llegado a su destino, simplemente por no recibir
una respuesta. Pero es que quizás sea de mala educación
intentar averiguar si efectivamente su mensaje se ha recibido o no,
así que prefiere sufrir y obsesionarse con
un desagradable y ladino rechazo. Un segundo mensaje con un escueto
"¿Te ha llegado mi mensaje?" es enfermizo y poco elegante,
a la par que absurdo: ¿qué asegura, ahora sí, una
respuesta de la otra parte? ¿No correrá la misma suerte
ese mensaje, perdiéndose en el limbo de la telecomunicación?
Una llamada es fatal: si no responde, si no lo coge, la tragedia aumenta.
Por tanto, la opción lógica es el sufrimiento de la espera,
lo que engendra malsana obsesión.
Éste es sólo un ejemplo, pero David es capaz de soñar
con tramas mafiosas en los bajos de su coche, cuando falla el GPS; con
ataques terroristas indiscriminados en Italia, cuando él está
allí de viaje; con enfermedades contagiosas, cuando contrae un
resfriado; con "¿qué significan ahora estos dos besos
en la mejilla, si un día nos quisimos tanto?".
David debería tomarse la vida con más filosofía;
relativizar cada acontecimiento, pues seguramente no encierra ni una
gran victoria ni un horrible fracaso. David debería pararse a
pensar que no es el centro del mundo. David debería darle tiempo
a sus extremidades para que asimilen los actos que les dicta su cerebro.
Pero David, en efecto, no puede. Ni podrá nunca. Su ego se lo
impide. Su obsesión
es sólo un reflejo de su desproporcionado Yo.
El ombligo de la civilización; el espectáculo en todas
las fiestas ("¿Si llego tarde para hacerme esperar, lo considerarán
de mala educación?").
David nunca aprenderá. David, aunque no quiera, aunque su intención
sea buena, siempre ha sido, es y será... lo peor.

SOY
LO PEOR
Disecciono
la realidad
David Bombai
Lee atentamente porque
voy a darte un consejo que te servirá para el resto de tu vida.
Y no es algo que no hayas escuchado nunca. Quizás he sido muy
aventurado al llamarlo consejo... Más bien es un "recordatorio".
Sin embargo, un recordatorio que queda escrito, es algo más.
Deberé inventar un nombre para él.
Ahí va:
pensar mucho las cosas, es malo. El ser humano debería
alimentarse única y exclusivamente de impulsos y disfrutar lo
que tiene mientras aún esté ahí. El futuro es una
incógnita que no deberíamos tan siquiera tener en cuenta.
Esta clase reducida de Autoayuda para desesperados me viene a la mente
porque día tras día, tropezando siempre con la misma piedra,
disecciono la realidad. Analizo cada pro y cada contra de todo lo que
me pasa, albergando la esperanza (estúpida) de hallar respuestas.
Y lo que acontece después no tiene en absoluto que ver con lo
que yo había vaticinado. Es por ello que he llegado a la temeraria
determinación de vivir, únicamente.
El dolor ya es vida, me
ha dicho alguien esta semana, por tanto, pretender evitarlo es no
vivir.
Si te ha defraudado este Soy lo peor, puedo decirte
también que:
Lloro
con "Cuatro bodas y un funeral"... pero
esa es otra historia.

SOY
LO PEOR
Persigo
el “American
Way of Life”
David Bombai
Es negra noche en
mi rijoso apartamento de una habitación y media; la oscuridad
me atrapa y sólo puedo pensar en una cosa: ¿por qué
aún no soy un hombre casado? ¿Por qué no tengo
dicharacheros zagales revoloteando a mi alrededor? ¿Por qué
no vivo en un loft de 200 m2 y trabajo para Hewlett-Packard como asesor
de ventas internacionales? ¿Por qué aún no he comprado
el Chrysler más caro del mercado o el equipo Hi-Fi más
potente?...
¿Cuándo conseguiré el “sueño americano”
de ser feliz atrapado en la sibilina tela de araña del conformismo?
Ya no duermo pensando en mi fracaso y en todo lo que se me avecina.
Moriré pobre, solo y sin un iPod nano.
¿Qué pretendo? ¿A dónde quiero llegar de
seguir por este camino? Seré un solterón sin remedio ni
descendencia, sin piso de propiedad (mejor, una casa), ni monovolumen
azul. Me señalarán con el dedo acusador mis vecinos, amigos
y familiares, todos ellos bien provistos de barbacoa para los domingos
y despacho acogedor con libros de moda y enciclopedias por fascículos.
Mañana compraré un revólver al precio que sea (mi
único lujo a estas alturas) para no tener que decir nunca más
aquello de: “Soy lo peor”.

SOY
LO PEOR
Me
gusta Elton John
David Bombai

Anoche
soñé que tocaba This Train Don't Stop Here Anymore
para 50.000 personas...
Estaba yo muy feliz
cantando a gritos I'm Still Standing, cuando una voz del exterior
me espetó: "¡Maricón!". Entonces, un alud
de pensamientos y preocupaciones me vinieron a la mente, cual avalancha
rociera. Sabiamente, en un rapidísimo movimiento de muñeca,
busqué Sweet Child of Mine en mi iTunes para salvar
mi hombría y seguí con mis divagaciones, preocupadísimo:
¿sería yo un homosexual irredento por disfrutar con la
deliciosa música de Sir
Elton John?
Me vestí con mis ropas más heterosexuales (un suéter
turquesa que me queda monísimo)
y fui a visitar a mi gran amigo Paolo, también fan de Sir Elton
y gogo-dancer de profesión (por una cuestión del azar,
más que nada). Lo que me dijo no me resultó nada tranquilizador:
"Mi homosexualidad no tiene nada que ver con que me chifle Candle
in the Wind". Claro. Pero, ¿cuándo se había
convertido Paolo en gay? ¿Antes o después de oír
Sorry Seems to be the Hardest Word por primera vez?
Disfruto con Your Song cuando me viene a la mente el siguiente
razonamiento: ¿es la música que escuchamos la que define
nuestra condición sexual? ¿Se es más macho
por saborear A Little Less Conversation antes que Original
Sin? Es más, ¿los machos utilizan la palabra "saborear"
para referirse a su canción favorita? Y más aún,
¿tienen los machos una canción favorita?
Elton John hace que me debata entre la vida y la muerte simplemente
por agrupar los diferentes acordes de Daniel. ¿Se puede
ser más diabólico? ¿Sabe Sir Elton de lo que es
capaz con su música? Me imagino regalando a mi última
novia un Greatest
Hits 1972-2002 y mirándome, contrariada, primero a mi cara,
luego a mi pito: "¿Y este es el hombre de mi vida?".
¿Y por qué me hago esta serie de preguntas? Debería
disfrutar Tiny Dancer sin ningún tipo de quebraderos
de cabeza, sólo haciendo caso a mis instintos musicales y reírme
de cualquiera que no haya gozado jamás con Sacrifice,
compadeciéndole por la desdicha que viene sufriendo y que, seguramente,
sufrirá durante el resto de su vida. Debería alzarme con
la cabeza bien alta y reivindicar Goodbye Yellow Brick Road
como el mejor disco de la historia.
Debería poner Made in England a todo volumen y a todo
invitado en mi humilde loft. Debería no ruborizarme por alegrarme
cada vez que escucho Someone Saved My Life Tonight. Debería,
debería... pero no puedo. Soy una víctima de mi sociedad,
un producto del mundo que me rodea. Soy un homófobo en ciernes.
Soy el futuro azote de los gays. Soy el defensor de la familia. Soy
el paladín de la Iglesia. Soy el fan número uno de Jesucristo
Nuestro Señor... Sí. Soy lo peor.

TESTIMONIOS ESCALOFRIANTES
"Durante
años creí ser hijo de Verstrynge"
Un padre engaña vilmente a su vástago haciéndole
creer que era alguien importante

Francisco
L. H. el día que su padre le dijo que no era hijo de Jorge Verstrynge.
Imagen de Archivo
Basado en hechos reales inspirados en un relato de Rudyard
Kipling titulado "Comiendo porquerías"
David Bombai, Toledana de la Sierra (Valladolid) - Francisco
L. H. fue durante mucho tiempo un hombre engañado. Creía
ser hijo de Jorge Verstrynge, el politólogo que pasó de
militar en Alianza Popular a ser un defensor a ultranza del marxismo.
El propio Francisco nos lo cuenta:
"Mi padre me dijo que yo era hijo de Verstrynge, pues como no me
parecía a nadie de la familia, esa era la única explicación.
Yo era rubito y con los ojos azules, muy guapo; por tanto, alguien
me había dejado allí con ellos. Mi padre lo utilizaba
para martirizarme, ya que cada vez que hacía una trastada me
azuzaba con la amenaza de devolverme con mi auténtico padre,
lo que a mí me aterraba. Verstrynge era mi Coco personal".
"Durante años y años creí que mi padre era
esa mítica figura del PSOE, lo que me impulsó a votar
a Felipe González año sí, año también,
sin ninguna explicación ideológica, simplemente por ser
amigo de mi papá. Ni siquiera el GAL me hizo perder
la fe".
"Lo más triste de todo es que yo, al creerme hijo de Verstrynge,
y aún con miedo de ser devuelto a un lugar que para mí
sería totalmente extraño, me sentía orgulloso de
ser hijo de quien era (de quien creía ser): lo pregonaba entre
mis amigos y me idolatraban por ello. Yo era colateralmente famoso sólo
por el hecho de tener a una celebridad como progenitor. Era maravilloso
y perfecto y me convertía en una persona de verdad, con derechos
e ideas que aportar a la sociedad. Podía mirar a los demás
por encima del hombro, y a las chicas podía pedirles una cita
sin miedo a un posible rechazo".
"Todo acabó el día en que mi auténtico padre
me contó la verdad, y desde entonces no levanto cabeza: ya no
soy nadie, mi vida no tiene ningún sentido, a nadie le importo
y nadie me importa. No soy famoso y cualquiera que me conoce lo nota
enseguida. Es un hecho. Soy un normal. Un Don Nadie. Soy
lo peor".
Oliver Stone planea hacer una película de todo esto que llevará
el provisional título de Mezclando barbitúricos en
casa de Nicolas Cage.

SOY
LO PEOR
Me
siento decimonónico
David Bombai
Tengo
en mi pecho un hondo pesar, imposible de satisfacer, hacedor de mi desgracia:
me siento decimonónico. Soy un error temporal, mi siglo no me
comprende; vago por la urbe gritando mis pensamientos, mientras mi cohetáneos
gozan y viven, despreocupados y felices. Pero, ¿qué os
pasa? ¿Sólo yo me doy cuenta de que la vida es un pozo
falto de amor y cariño? Mi amada no me corresponde, el psicoanálisis
no me ayuda, el modernismo me oprime, la burguesía es una lata.
Ansío un suicidio romántico, una muerte melancólica,
una existencia desdichada... Me regodeo en mi soledad, en habitaciones
llenas de gente; lloro mi inmensa pena, abrigado por el frío
manto de la noche. Sueño con acabar mis días en la más
mísera pobreza, mientras los demás me rehuyen; para que
al fin, con el paso del tiempo, se reconozca mi valía. Soy de
otra época. Soy Maupassant. Soy lo peor... y eso me gusta.

SOY
LO PEOR
Me
deleito con mi pene
David Bombai
Sí.
Y muchas veces, además. Somos inseparables, mi pene y yo. Somos
como Starsky & Hutch, o como Pin & Pon, o como la trucha y el
trucho. Me quiero, le quiero. Mi pene se levanta cada mañana
y me da los buenos días: eso es algo que no hace nadie más
en este sucio y perro mundo. Mi pene me da placer cuando estoy abatido,
y sexo cuando voy caliente. Mi pene me comprende. Me pene me satisface.
Serrat decía: "La sombra que en la tarde da una pared /
y el vino que me ayuda a olvidar mi sed. / Que más puede ofrecer
una mujer...". ¡Qué gran verdad! No necesito nada
más que mi pene y mi lascivia. Nada de malos rollos, enfados
innecesarios o "creo que deberíamos hablar". Mi pene
no me exige explicaciones, ni me maltrata psicológicamente. Mi
pene se limita simplemente a estar ahí cuando yo lo necesito
(y lo necesito muy a menudo... lo cual indica nuestro elevado índice
de compenetración). Muchos dirán que soy un enfermo. Puede
ser. Pero lo cierto es que mi pene no piensa eso de mí. Mi pene
no cree que yo lo sea pero... soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Me
gusta el Reggaeton
David Bombai
Mi padre es concertista de piano, y a mí me pone el Reggaeton.
Salsa, merengue, bachata, sudores calientes mientras me muevo bajo los
focos. Canciones de personajes llamados Teddy Deejay, Walter Gonzales
o Machuquino Jackson, todos ellos seres de otra galaxia (la suya): los
pervertidos del ritmo.
Pornografía dura para mis oídos, sacrilegio para los de
mi padre. Reggaeton que juegas a poseerme, que me vendes un mundo de
sexo sin control en la misma pista de baile. No me abandones, quiéreme
con esos ojitos latinos de rapero pachanguero.
Y mi padre, con Chopin. Soy lo peor.

|
|

NUEVO / SOY LO PEOR
Me siento culpable
David Bombai
Blog

Tocando fondo
Por comerme las uñas; y por reírme de Nelson Mandela; por contar chistes sobre Miguel Ángel Blanco; por no barrer la casa cuando me toca; por no prestar atención a las noticias sobre Irak; por revolcarme ante mi jefe; por no haber visto entera "2001. Una Odisea del Espacio"; por no llamar asiduamente a mis padres; por etiquetar a la gente; por buscarme en Internet; por disfrutar con Elton John; por no sacar la basura sólo después de las ocho; por no seguir la trayectoria de Bardem en Hollywood; por deleitarme con mi pene; por no defender a los tibetanos; por beber agua del grifo; por no reírme con "Padre de familia"; por no tener un hijo con 30 años; por no comprar el "Papito"; por estar gordo como una cebolla; por seguir escuchando "El Porompompero"; por preferir "Planet Terror" a "Death Proof"; por bailar frenéticamente al ritmo de Bisbal; por no gustarme el paté de foie; por perseguir el "American Way of Life"; por hablar solo; por ser un cafre; y por no sentirme culpable por nada más. Soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Me
doy asco porque pongo etiquetas
NOTA: el autor advierte que la ingestión
de substancias alucinógenas es perjudicial para la salud
David Bombai
No te conozco, y
ya te he etiquetado: eres un lector o una lectora. Lo hago continuamente:
es la única forma que tengo de situar a la gente por debajo de
mí. De
someterlos. De someteros. De someterte... ¡Ja,
ja, jaaaa!
No, ahora en serio: me mola.
Supongo que responde (otra vez) a mis ansias de hacerme oír en
este mundo mío, mundo nuestro, que nos alberga. Y como no lo
consigo, toca etiquetar, archivar y computar. "Este es un trepa,
este un chulo y esta una arpía que me ha roto el corazón",
son expresiones que se verán salir muy habitualmente de mi dulce
boca, alimentando así gracilmente nuestro lenguaje.
Pongo etiquetas a cualquiera que ose parecerme diferente y arriesgado.
A los divertidos. A los ahorradores... ¿Lo ves? ¡Ya estoy
etiquetando otra vez!
Extraño círculo vicioso éste en el que estoy inmerso.
Necesitaría una cura de desintoxicación, pero es que no
me fío de los putos
médicos.
¡A la mierda! Soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Evoluciono
lento
David Bombai

Un
hombre solo ante la evolución...
Me
doy triste cuenta de que, a diferencia de mis congéneres, yo,
hombre curtido y sincero, evoluciono lento. Es más, mi retraso
mental comienza a ser harto preocupante: llego tarde a las conclusiones
evidentes, no cazo los chistes más fáciles, me río
con los deprimentes programas de la tele, no distingo la época
azul de Picasso de la rosa, me canso en los momentos de éxtasis
y no respiro con facilidad bajo el agua.
Muchos dirán que me hago viejo, o que soy más bien limitado,
pero yo sé que el problema reside en que aún "no
estoy hecho": sigo un proceso muy lento de aprendizaje.
¿Cuáles son los inconvenientes? Por supuesto, quedo en
evidencia en todos los actos sociales y me cuesta entender las señales
de tráfico.
¿Y si, en vez de evolucionar, llegara a un cénit de sabiduría
(siempre bajo, claro) y empezase ahí un proceso degenerativo
paulatino y total? Sería una pena no haber existido como persona
entera más que unas horas, quizá segundos.
Pero ya estoy acostumbrado, no te preocupes: uno no puede ocupar el
escalón más bajo de la civilización y esperar el
respeto de los demás. Mi no-evolución a la vez es mi mejor
arma, mi debilidad es mi fuerza.
Por tanto, ten mucho miedo, pues no me conoces, y alguien que se sabe
insignificante es capaz de cualquier cosa.
¿Soy lo peor?

SOY
LO PEOR
Me
busco en Internet
David Bombai
Y todo tiene que
ver con la ignominiosa envidia. Me busco diariamente en Internet para
regocijarme en mi propia pseudo-fama, esperando cada día un enlace
nuevo sobre mi persona. Así me siento más importante (lo
necesito, lo ansío, lo anhelo). Quiero ser más que mis
coetáneos. Un ser humano digno de admiración.
Escribo mi nombre en Google, unas veces con comillas y otras sin; a
veces selecciono "Voy a tener suerte" y otras lo dejo en manos
del azar; me busco de muy diversas y retorcidas maneras: mi nombre (David
Bombai), todo junto (davidbombai), o Bombai a secas, con un punto detrás
de la D (D.Bombai), en mayúsculas y también en minúsculas,
con acentos imaginarios e, incluso, construyendo combinaciones alfa-numéricas
con las teclas del móvil, de muy dudosa calidad documental (32849266224),
un número tan hermoso como inservible.
Mi ego me obliga a buscar los nombres de mis amigos, y también
de mis enemigos, de mis compañeros de trabajo, de mis ex-novias,
de los novios de mis ex-novias, del panadero, de mi jefe... Sólo
para que, cuando aparezca una pantalla denunciando la falta de datos,
mi ego crezca y explote y suba hasta lo más alto del más
bajo patetismo existencial. Ese asqueroso, sucio e indescriptible placer
que siento cuando me deleito comprobando que ninguno de ellos aparece,
ese placer me da la vida. Sin embargo, lloro desconsoladamente cuando
alguno tiene más entradas que yo; y lo que es mucho peor, más
premios, más prestigio, más vida social...
Me busco en Internet para encontrarme y creerme masturbatoriamente mejor
que nadie, y es un melodrama de Douglas Sirk cuando me sucede todo lo
contrario. Y, ¿por qué? Sencillo: no soporto la felicidad
ajena, ni el éxito, ni la suerte, ni el amor... Sí, aciertas,
tienes toda la razón, tu cerebro lo repite incansablemente desde
hace 4 párrafos. Exacto. Qué bien me conoces.

SOY
LO PEOR
En
ocasiones veo a Haley Joel Osment
David Bombai
Normalmente en el
metro,
parada Fontana. Lo persigo por calle Asturias y se acaba metiendo en
el Verdi. Lo hace para despistarme, pero a mí el niño
ese no me engaña.
La primera vez que lo vi, yo salía de un antro cochambroso: debían
de ser las 4 de la mañana, en Gracia, con una borrachera importante,
pero tan cuerdo como Bruce Willis en "Doce monos". Haley Joel
Osment pedía dinero a unos ancianos, para drogas, supongo. Comencé
a perseguirlo, pero soy un fumador empedernido (y no soporto la nicotina)
y mis pulmones decidieron que no querían seguir dándome
aire. Mis piernas también pensaron que era mejor sentarse en
un rellano y esperar a que se hiciese de día. Mi estómago
decidió vomitar y la policía creyó pertinente el
tener que detenerme.
Haley, si lées esto, que sepas que sé quién eres,
te cogeré. Vas a ver fantasmas hasta en la asquerosa sopa Campbell
que tu cara de muñeco chochón olisquea y se zampa cada
mañana para desayunar. Eres lo peor.

SOY
LO PEOR
Hablo
solo
David Bombai
Desgraciadamente
para mí, esto no va a acabar nunca. ¿Qué más?
Pues que hablo solo conmigo mismo e incluso con otros, cuando sé
que no me escuchan, aburridos de mi conversación.
Me insulto cuando obro mal y me aconsejo si estoy confundido. Canto
mientras camino y en mi cuarto, a solas, reflexiono ante mis libros
sobre el amor y sobre el alma: me pregunto, me aclaro, me equivoco,
me corrijo, me censuro, me grito, me pongo en mi contra y me hago callar.
Hablo solo porque no tengo a nadie; hablo solo porque no me soportan.
Hablo solo porque no sé relacionarme. Hablo solo aunque estés
conmigo. Hablo solo porque me lo merezco. Hablo solo porque soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Me
revuelco ante mi jefe
David Bombai
Le caigo mal, tan mal, a mi jefe que tarareo su canción favorita
para que me coja aprecio. Hago como que no sé que le gusta y
voy cantando, cantando, cantando, una vez detrás de otra, flojito
pero lo suficientemente alto como para que me pueda escuchar desde su
despacho.
Y lo peor es que no le soporto, pero él es quien me paga. Lo
único positivo es que a mí también me gusta esa
canción; paradójico esto último, porque a la vez
resulta lo más patético de todo: ansío que él
huela esa afinidad mútua que yo fantaseo que tenemos, aunque
él sea un cabrón y yo su gusano.
Quisiera desaparecer; que se perdiera mi semilla espérmica para
que nunca nazca un vástago con mis mismas aficiones e inseguridades
pueriles y aberrantes. Quiero morir.
Sólo hay una explicación: soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Si
Iñaki me conociera...
David Bombai
Estoy
convencido de que, en caso de conocernos, yo le caería fatal
a Iñaki Gabilondo. Es mi cruz, mi pensamiento pesimista favorito,
pero es que es así, no me cabe la menor duda. Soy un despojo
del universo paralelo que ha caído en la Tierra para sufrir humillaciones
sin fin, una detrás de otra.
Nuestro encuentro nunca sería fortuito, seguro que alguien nos
presentaría. Y precisamente por eso mismo: yo creo que Iñaki
pensaría de mí “Menudo imbécil ignorante”,
y yo asumiría que no le caigo bien al Dios de la radio. Incluso
sueño con mordaces comentarios en “Hoy por hoy” hacia
mi persona del tipo “Hoy he conocido a alguien que... Bueno, mejor
no hablar de según quiénes”.
Soy de izquierdas, antiglobalización, anti deforestación,
anti todo lo malo del mundo, pero aún así nuestro encuentro
traería desgracia a ambas partes, a Iñaki por el hecho
de tener que conocer a una persona como yo; y a mí por comprobar
que mi miedo era real y que nunca seremos amigos. Ni tan sólo
conocidos. Nos presentarán, le caeré mal y nunca más
sabré de él. No me dará su móvil, ni me
dejará jugar al escondite con sus hijos, ni formaré parte
de su apretada agenda.
Seré “Un tipo raro que conocí una vez, al que le
olían los pies y le sudaban las patillas”. Seré
el hazmerreír de la Ser, el tonto de turno. Soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Me
cae mal Nelson Mandela
David Bombai
Contra
la voluntad general (incluso mundial), me cae mal Nelson Mandela. Sin
motivo aparente, sin razones, pero no lo trago.
Seguro que Bono soñará con degollarme y Martin Luther
King se revolverá en su tumba; pero así es.
Una noche desperté entre sollozos y sudores y tuve esta turbia
y perversa revelación. Nelson me hablaba en sueños y me
decía cosas tan bonitas, tan maravillosas, tan perfectas, tan
políticamente correctas que me tuve que poner en su contra inmediata
y automáticamente.
No me gusta formar parte del rebaño, me muero si no doy la nota.
Mi vida es un fiasco sin sentido si no me las doy de listo.
En cualquier caso, no hay documento lógico o científico
que lo explique. Será que soy una mala persona. Será que
soy lo peor.

SOY
LO PEOR
Soy
un cafre
David Bombai
Mi mayor placer está encerrado en estas cuatro mágicas
palabras: "¿Sabes quién ha muerto?". Me encanta
dar ese tipo de noticias; lo disfruto de veras. Cuando muere algún
famoso, siempre soy el primero en anunciar la horrible buenanueva. Cada
día miro Internet para estar al día. No me importan las
acciones de Telefónica o el incremento del precio de la vivienda:
yo necesito saber si hoy ha muerto Robert Mitchum. Me coloca la importancia
que adquiero en esos momentos. No disfruto con los matrimonios o los
noviazgos o los nacimientos; yo gozo con la muerte de los demás.
Es mi forma de decirle al mundo que yo sí sigo vivo, en un intento
ridículo de reafirmarme como figura imprescindible de la historia
moderna.
Sé lo que piensas: soy una basura; un despojo; el arrabal ante
tus ojos. Soy bazofia. Soy lo peor.

|